Debe ser claro que el propósito de la evaluación es, ante todo, mejorar el desempeño del personal de la empresa y no el de atrapar en falta al trabajador para luego ejercer un enjuiciamiento negativo de su desempeño. Es importante que tanto el empresario como el trabajador sean conscientes de que la evaluación debe constituir una actividad positiva orientada hacia el desarrollo del personal. De esta manera, cuando se hable de practicar una evaluación formal, no se generará temor y ansiedad en los trabajadores, ya que, lejos de contribuir a mejorar la productividad, producen desaliento y ocasionan tensión e inseguridad.
La evaluación del trabajador consiste en examinar regularmente su rendimiento mediante el examen de dos aspectos: el desempeño en la ejecución de las tareas específicas que tiene a su cargo y la actitud de la persona con su trabajo y hacia sus compañeros.
Algunos criterios cualitativos y cuantitativos que le pueden ayudar a reducir los convenientes de una apreciación subjetiva al calificar el desempeño del trabajador, pueden ser los siguientes:
- Iniciativa en la forma de hacer las cosas. - Cuidado con el equipo.
- Calidad del producto.
- Sentido de cooperación.
- Capacidad de previsión.
- Cuota de trabajo realizada.
- Responsabilidad.
- Capacidad de cambiar de una tarea a otra sin perder el ritmo de trabajo.
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